Tarta de calabaza y especias

1, 2, 3. Aquí estamos con usted otra veeeeezz.

¿Os acordáis?. Sí, soy de esa generación que creció viendo los viernes por la noche a la calabaza Ruperta en la tele. Graciosa, simpática y elegante con su bastón y sombrero. Cual Fred Astaire, mientras seguía, como nadie, el ritmo de la música de cabecera del programa.

Ella escondía el regalo que nadie quería llevarse a casa y a pesar de ello caía simpática entre el público. Cómo me gustaba la hortaliza en cuestión,  pero ella que no otra.  “Y hasta aquí puedo leer”.

Tengo que confesar que no me gusta la calabaza. Diferencio rápidamente su sabor en cualquier crema o puré, aunque sea poca la cantidad que lleve. Da lo mismo, lo noto y punto. No me gusta.

Ahora bien, curiosamente, si la forma en la que se cocina es dulce… pues mira, ahí la cosa cambia y algo que me resulta casi odioso resulta que me encanta.

Me gustan mucho las tartas y los bizcochos que llevan calabaza y también el cabello de ángel. Qué le vamos a hacer. Soy así de especialita.

Hasta no hace mucho cuando alguien me regalaba calabaza (puedo asegurar que no la he comprado), o la regalaba de nuevo, o bien la rechazaba.

Pero eso ha cambiado. Ahora la utilizo en la repostería que hago y es una manera de ampliar sabores e ingredientes que antes ni se me pasaba por la imaginación.

Pues nada, como aquí no hay rondas de preguntas, pruebas, ni subasta…, sin más, os dejo mi receta de la tarta de calabaza especiada.

 

Ingredientes:

100 ml. de aceite de girasol

270 grs. de azúcar moreno

2 huevos tamaño mediano (Talla L o M)

240 grs. de puré de calabaza asada.

200 grs. de harina

1 sobre de levadura

1 cucharadita de canela en polvo (incluso menos si no queréis que sepa muy fuerte)

1/4 de cucharadita de jengibre en polvo

una pizca de nuez moscada rallada

una pizca de sal

200 ml de leche

1 cucharadita de limón.

200 grs. de mantequilla a punto pomada

200 grs. de azúcar glacé

180 grs. de queso mascarpone

1 chorrito de extracto de vainilla

Preparación:

Lo primero que haremos será poner la leche en una jarrita junto con el limón dentro de la nevera. De esta manera nos haremos nuestro suero de leche. Queda de un aspecto feo, como cortada. No hay problema, eso es lo que queremos conseguir.

Y lo siguiente precalentar el horno a 180º C.

En un bol ponemos el aceite y el azúcar moreno y lo mezclamos con la varilla. Echamos un huevo, batimos y cuando quede bien integrado añadimos el siguiente y repetimos la misma operación. Finalmente ponemos la calabaza asada y muy bien escurrida. Si lleva mucho líquido corremos el riesgo de ver nuestro bizcocho hecho un mazacote (os habla la experiencia).

Tamizamos juntos, la harina, la levadura, el jengibre en polvo, la nuez moscada y una pizca de sal.

Cuando ya los tengamos todos tamizados añadimos a la mezcla de ingredientes húmedos hasta que estén bien integrados. En este momento podemos agregar nuestro suero de leche de fabricación casera, procurando que no queden grumos.

Lo vertemos en un molde previamente engrasado y lo llevamos al horno. El mío tardo más de una hora.

Ponemos la mantequilla y el azúcar glacé previamente tamizado en el bol de la batidora y batimos fuerte hasta que quede bien disuelto. Añadimos el mascarpone frío y la vainilla.

Cuando nuestro bizcocho esté hecho (como siempre se sabe si pinchando un palillo éste sale limpio) lo dejamos enfriar y lo cortamos en dos o tres discos, esto depende del tamaño del molde que hayamos escogido y en uno de los discos ponemos nuestro “frosting” con ayuda de una manga y la boquilla que escojamos. Tapamos con otro de los discos y repetimos operación hasta llegar al último en el que además de la crema podemos poner virutas de chocolate.

 

IMG_20160207_223342

 

IMG_20160207_223410

Deja un comentario